Cada bala o casquillo hallado en una escena de crimen es analizada cuidadosamente por expertos del laboratorio de balística. Estas escenas se ven en programas de televisión apoyados de avanzada tecnología pero en la realidad estos sitios se repiten "en cualquier lugar" del mundo ya que los crímenes de armas de fuego son una constante amenaza ante su desmedida proliferación en
la calles.
Una vez que el arma ha sido disparada los expertos tienen diferentes métodos para llegar a su dueño y al culpable de un delito. Bajo el microscopio se buscan las marcas de las estrías para determinar el tipo de arma utilizada. También se puede determinar la trayectoria de una bala siguiendo los orificios de entrada de la misma, así como la distancia a cual se encontraba la víctima. La trayectoria puede mostrar si el disparo se hizo a quemarropa, o bien a corta o larga distancia.
Los investigadores saben bien que el tipo de munición influye en los efectos que produce en una superficie o en un cuerpo humano. Pero si los disparos son sucesivos estos producen efecto multiplicado.
Se estima que en EEUU hay unos 200 millones de armas de fuego y más de 16 mil personas mueren asesinadas con una arma anualmente. En su mayoría son jóvenes.
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