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Mujeres Asesinas
Redacción: Expediente Rojo


A lo largo de la historia las mujeres asesinas han sido un rompecabezas tanto para los investigadores de estas conductas como para las autoridades que intentan resolver sus crímenes.

De acuerdo con las estadísticas reveladas por los investigadores Otto Pollak y Michael Kelleher, las mujeres son responsables del 15% de los delitos violentos que se cometen en Estados Unidos y sus actos son más precisos, metodológicos y discretos que los de los hombres.

Las mujeres asesinas en serie representan el 8% de los asesinatos múltiples que se cometen en Estados Unidos, pero son culpables del 76% de ese tipo de crímenes en el mundo.

Según un reporte publicado en la revista especializada Journal of Police and Criminal Psycology, el principal motivo que mueve a estas mujeres es el dinero y el método más usado es el envenenamiento.

Otra característica que las diferencia de los hombres es que en la mayoría de los casos estas mujeres conocen y tienen una relación cercana con sus víctimas.

Como en la mayoría de los casos de asesinos en serie, estas mujeres tienen un patrón de conducta que las identifica. De acuerdo con la teoría de Michael Kelleher, uno de los primeros investigadores del comportamiento femenil, existen dos grupos de asesinas:

  1. Las que actúan solas
  2. Las que actúan acompañadas

Aun en la conotación "solas" existen divisiones que él califica de la siguiente manera:

Viudas negras: matan a su esposo o múltiples parejas y miembros de su familia.
Ángeles de la muerte: terminan con la vida de personas que están bajo supervisión médica.
Ofensoras sexuales: realizan homicidios sexuales.
Asesinas a sueldo: matan por dinero y por el placer de cometer el asesinato.

Vida y Muerte de Diana Lumbrera

La historia de desgracias para esta joven latina originaria de Texas comenzó a los 17 años, cuando contrajo matrimonio. Desde el principio, su relación con Lionel Garza fue tormentosa. A pesar de ello la pareja tuvo tres hijos.

Melissa nació en 1975 cuando la pareja festejaba sus primer aniversario de bodas. Pero la vida de la pequeña apenas fue de tres meses, cuando Diana Lumbrera la llevó a un hospital en Bovina, Texas, donde argumentó que la bebé se había "convulsionado". Un médico confirmó asfixia, puesto que la infante dejó de respirar por complicaciones y no se solicitó una autopsia. Este fue el principio del abuso a los menores.

En febrero de 1978, cuando su primogénito varón, José Lionel, apenas tenía dos meses, su madre lo llevó a la sala de emergencias quejándose de que el niño había sufrido de "convulsiones". El pequeño fue puesto en cuidados intensivos, pero de nada sirvió porque el bebé murió tres días después en el hospital. Aunque una enfermera vio salir de la habitación del pequeño a Diana en el momento de su muerte, nada pudo comprobarse.

Ocho meses después fue el turno de Joanna, quien ya tenía tres años cuando su madre llevó su cuerpo sin vida una vez más a una sala de emergencias.

A raíz de estas circunstancias, Diana y José se divorciaron tras cinco años de matrimonio. En los siguientes 17 años esta mujer tuvo tres hijos más de diferentes padres, pero ninguno de ellos alcanzó siquiera la edad para ir a la escuela.

Su mortal fascinación con los infantes también termino con la vida de su sobrina de seis semanas, a quien Diana se llevó a dar un paseo, el que terminó con su vida. Las circunstancias fueron las mismas: la bebé "dejó de respirar".

Pero la suerte de esta asesina terminó en 1990, cuando una vez más esta madre llegó a la sala de emergencias con su hijo José Antonio, quien ya había logrado cumplir los 4 años, antes de que su mamá decidiera que era tiempo de morir. En esa ocasión una trabajadora del hospital alertó a las autoridades, que iniciaron una investigación.

En 1990 Diana Lumbrera fue sentenciada por la muerte de sus hijos, Melissa y José Lionel, así como la de su sobrina Erika. Los cargos por la muerte de los otros pequeños tuvieron que ser retirados por falta de evidencia. Puesto que los órganos de las pequeñas víctimas habían sido extraídos de su cuerpo, no se podía recurrir a una autopsia. Actualmente Diana se encuentra cumpliendo tres cadenas perpetuas en una prisión en Kansas.

Otras Asesinas en Serie

Rhonda Bell Martin (Alabama): cometió sus asesinatos entre 1932 y 1956. Mató a su madre, dos esposos y cinco de sus hijos. Confesó sus delitos y la condenaron a morir en la silla eléctrica en 1957.

Waneta Hoyt (Nueva York): asesinó entre 1965 y 1967. Asfixió a cinco de sus seis hijos. Su caso acaparó la atención de la prensa nacional, pues fue el primero que derivó en el llamado síndrome de "la muerte de cuna". Su único hijo que había sobrevivido fue puesto bajo la supervisión de un monitor especial; aun así murió. Waneta fue llevada a juicio, pero nada se le pudo probar. Sin embargo, en 1994 ella confesó los asesinatos. Un año después se retractó de la historia. En un juicio en 1995 fue condenada a cadena perpetua.

Margie Velma Barfield (Carolina del Norte): entre 1969 y 1978 se ubican sus delitos. Asesinó a siete esposos, prometidos e incluso a su propia madre. Algunas de las víctimas murieron calcinadas mientras dormían, ante lo que argumentó que fue por descuido por fumar en la cama. Otras murieron envenenadas por arsénico y sobredosis de medicamentos; de este modo hacía pensar que las víctimas padecían infecciones gastrointestinales. Fue descubierta y sentenciada a la pena de muerte. En 1984 se convirtió en la primera mujer que murió por inyección letal en Estados Unidos después de que la Corte Suprema reinstaurara la pena capital en 1976.

Blanche Taylor Moore (Carolina del Norte): de 1966 a 1989 quedaron registrados sus asesinatos. Mató a dos esposos, uno que otro amante, un pastor porque le recordaban a su padre, que había abusado de ella, y a quien también mató. Esta hábil mujer le ganó una demanda sexual a la cadena de supermercados Kroger, por 250,000 dólares, al mismo tiempo que mantenía una relación amorosa con un compañero de trabajo. Para lograr recopilar evidencia y poder enjuiciarla fue necesario exhumar algunos de los cuerpos de sus víctimas. Murió por inyección letal en 1991.

Dorothea Puente (California ): asesinó entre 1986 y 1990. Esta educada mujer, que habla perfectamente español, comenzó sus fechorías a los 57 años, cuando convenció al Departamento de Servicios Sociales de que le refiriera a personas de la tercera edad que necesitaban un lugar para hospedarse. Una vez ganada la confianza de sus víctimas las asesinaba para cobrar las ganancias de su seguro social. Fue gracias a un vecino que se descubrieron siete cuerpos enterrados en el jardín de su casa. A sus 64 años fue sentenciada a cadena perpetua.


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